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Todo ser humano se pregunta ¿De dónde vengo?...¿Quién
soy?...¿Por qué estoy aquí?...¿hacia dónde voy?.
Cuando nosotros llevamos estas interrogantes al
plano de nuestro origen como pueblo, vemos danzar entre
nosotros, largas posesiones de documentos, fechas,
lugares, hechos y personajes que nos vemos obligados a
ordenar para ir extrayendo de ellos la verdad del pueblo
en que vivimos como hijo de un padre, que fundiendo en
un gigante crisol nuestra manera de ser, de pensar y de
actuar logra formar la secular amalgama de
Pueblo-Hombre... Hombre pueblo; principio y fin de todo
concepto de Identidad y Pertenencia.
Pensando en las generalidades anteriormente
expuestas, llegamos a la conclusión que el pueblo donde
nacimos, o simplemente, donde vivimos, nos pertenece y
nosotros le pertenecemos a él. Así mismo cuando san
Joaquín se identifica con nosotros, dándole a nuestra
forma de ser las características exclusivas del
gentilicio, nos impone el deber ineludible de
identificarnos con él, a toda hora y en todo momento.
El pueblo necesita de nosotros para su
constitución como tal y nosotros necesitamos de su
presencia para poder pregonar con orgullo: somos ¡Sanjoaquineros!
Es aquí, donde el agradecimiento se convierte
en constante vigilia. Es aquí, donde la identificación
se hace presencia y permanencia.
Cuando luchamos por nuestro Pueblo, somos
defensores de una verdad histórica innegable. Al
hacerlo no imponemos condiciones; pero exigimos respeto
por y para nuestro lar nativo.
El concepto de Identidad y la
Pertenencia nos llena de vitalidad y decisión. Es por
eso que la
Autonomía Municipal
no ha sido, ni será jamás, la obra de una persona, o de
un grupo de ellas. La Autonomía municipal es el
producto de un esfuerzo que hemos venido haciendo los
Sanjoaquineros, que desde diversos ángulos y bajo una
sola bandera, hemos dado nuestro aporte físico y
espiritual para hacer que los derechos de nuestro
Municipio, que no son otra cosa que los derechos de
todos nosotros, sean consolidados y respetados.
Aún queda mucho que rescatar. Aún queda mucho
camino por recorrer. Sin embargo, no debemos desmayar
en ningún instante. No podemos hacer de los lauros
conquistados, el mullido colchón donde se tienda a
descansar nuestra desidia. Estamos obligados con
nosotros mismos a defender la pureza del gentilicio, la
firmeza de lo que somos y la grandeza de nuestra
Comunidad tendiendo siempre la mirada hacia el Impoluto
Altar donde yergue la encendida tea de un futuro
provisor.
Debemos avivar en los corazones jóvenes la
pureza de la Identidad, regando en todos y cada uno de
los sectores del poblado, la simiente de la superación.
Para concluir, podemos afirmar
que estar identificado con nuestro pueblo, es llevarlo
dentro de nuestras palabras y nuestras acciones,
enarbolando con orgullo la bandera del gentilicio y el
nombre de la Patria chica. De acuerdo a esto podemos
deducir que el Pueblo es el lugar, el Hombre es la
personificación, la Autonomía es el logro y la Identidad
es el lazo que nos une, convirtiéndonos en un
Todo Único e Invisible. |